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Barack Obama: ¿Mantendrá el Plan Bush? (I I Parte y Final)

Por Roberto del Valle Menèndez

 La lógica debe indicar que no. Pero ni los cubanos, ni los amigos de Cuba, podemos ser ilusos pues con o sin Obama, con demócratas o republicanos, la esencia  es debilitar la Revolución y destruirla.

 

La valentía, la dignidad, el patriotismo, la solidaridad, el humanismo, el internacionalismo y el ejemplo de un pequeño pueblo ante la prepotencia del imperialismo norteamericano no es perdonable, y menos aún mientras desde Miami la más patente reacción anticubana siga utilizando su real influencia para determinar la llegada de un presidente al poder como sucedió tan recientemente con W.G. Bush, o cuando ante la posibilidad de perder el voto cubanoamericano de la Florida, W. Clinton, demócrata, firmó la Ley Helms_Burton para asegurase en la Casa Blanca.

 

No pasamos por alto que la política exterior  del actual gobierno no está del todo definida y que incluso no hay buenas miradas hacia el Sur, en lo particular frente al Socialismo del Siglo XXI que se promueve en Venezuela con una década de incuestionables victorias, o los cambios de beneficio  popular que emergen en Bolivia, Ecuador  o Nicaragua, o ante una integración que cada día trata de alejarse más de los dictámenes de los Estados Unidos.

Sin embargo, hay que reconocer que existió una situación muy diferente. Barak Obama no necesitó del apoyo condicional de la Mafia anticubana de Miami para ganar las elecciones en el estado de la Florida.

 

Si en el 2004  el 55 por ciento del voto electoral era de cubanos, en el 2008 solo fue del 40 por la alta presencia de otras colectividades latinas. De los que ahora fueron a las urnas llegados antes del triunfo de la Revolución cubana o con sus primeras medidas a partir de 1959, el 78 por ciento simpatizó  con el candidato Mac Cain, y el 22 por Obama. También los que arribaron en la década de los  70, 80 y 90 miraron hacia el proyecto del republicano,  pero  el 58 por ciento de los que se asentaron a partir del 2000 lo hicieron por el afronorteamericano, con el dato curioso de que el 61 por ciento de los nacidos en los Estados Unidos que se definen como cubanos le resultaron favorables.

 

Nunca planteó erradicar el bloqueo, pero sí restituir los viajes y el envió de remesas, algo que Bush prácticamente eliminó con su Plan Bush de 2004. Y esto, incuestionablemente le  atrajo el voto de la comunidad cubana alejada de la Mafia de Miami.

 

Tampoco estemos ajenos a que la composición del Congreso de los Estados Unidos, con predominio demócrata, no está a favor de las tradicionales medidas contra Cuba, incluyendo la existencia del bloqueo, y son partidarios de una política flexible en las relaciones buscando opciones más racionales y menos traumáticas para destruir  a la Revolución.

 

Todo indica a una renovación de la ya conocida Ley Torricelli, de octubre  de 1995, donde junto a drásticas medidas para endurecer el bloqueo en lo económico, establecía el Carril Dos para promover lo que llamaron el flujo de ideas y llegar a una transición pacífica en Cuba con “una sociedad libre y abierta”,  a través de la promoción y ayuda a organizaciones no gubernamentales humanitarias y sociales, y  el intercambio entre científicos, periodistas y artistas, entre otras posibilidades. http://www.cubavsbloqueo.cu/Default.aspx?tabid=61

Hacia ese objetivo debe inclinarse  la posición del actual gobierno hacia Cuba.

 

Después de ocho años de una alianza complaciente entre W.G. Bush y la reacción contrarrevolucionaria de Miami, la llegada de Barak Obama ha creado una expectativa en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, que en lo esencial no será como la de su precursor.

Pero hay quienes, como ya anunciara el General de Ejército Raúl Castro, Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, incluso con buenas intenciones,  piden, solicitan, reclaman  gestos por porte de David ante Goliat para mejorar las actuales relaciones.

 

En  Brasilia, en conferencia de prensa el  18 de diciembre último, Raúl subrayaba enérgicamente: “Se acabaron los gestos unilaterales, tienen que ser bilaterales”, y sin garrote, ni zanahorias.

 

Está demostrado, por documentos desclasificados en los Estados Unidos, que la preparación y ejecución de planes para destruir a la Revolución se concibieron desde sus inicios, incluso cuando era eminente el triunfo del Ejército Rebelde. Y después se rompen unilateralmente las relaciones diplomáticas desde el 3 de enero de 1961, le siguió el bloqueo a partir del 3 de febrero de 1962 por la Orden Ejecutiva Presidencial 3447, vino la invasión de Playa Girón, la Operación Mangosta, la aplicación de la Ley de Ajuste Cubano  desde 1966 para incentivas las salidas ilegales del país, y junto a todo ello la introducción de epidemias y enfermedades, sabotajes como al avión de cubana en octubre de 1976 y múltiples agresiones que dejaron más de 3 000 muertos, mutilados y heridos.

 

No hay un hecho, un documento que demuestre un solo acto de agresión del Gobierno y pueblo cubano al norteamericano en estos 50 años de Revolución. ¿Por qué gestos de Cuba?

La lógica indica que  esos gestos de buena voluntad, de desagravio por tantos crímenes contra un pequeño pueblo debieran llegar desde el  nuevo, y demócrata, Gobierno de los Estados Unidos.

 

Quizás el primero pudiera ser muy humanitario, y por una Orden Ejecutiva Presidencial, la liberación inmediata de los Cinco Héroes cubanos que llevan 10 años prisioneros  injustamente en esa nación por actividades antiterroristas. La eliminación, y no flexibilizar,  el bloqueo económico, financiero y comercial que arroja pérdidas por más de 100 mil millones de dólares sin incluir el fallecimiento de personas por  la ausencia de medicamentos o de tecnología de punta en la salud, o la devolución de la base naval de Guantánamo.

Un buen gesto pudiera ser, además, poner fin a las actividades de  las organizaciones terroristas que desde Miami planifican acciones contra la Revolución.

En esa propia entrevista con motivo de su visita a Brasil, el Presidente cubano Raúl Castro  resaltaba: “El mundo precisa vivir en paz, vivir en la diversidad, vivir democráticamente”.

http://www.cubasocialista.cu/texto/csraulcastro.html

Entre Cuba y los Estados Unidos puede existir la coexistencia. Con Barack Obama no tendremos el Plan Bush, pero  sí mantendremos la obra, los principios y la proyección socialista y humanista de una  Revolución en transformación.

 

 

 

 

El mundo no ha dejado de oponerse cada vez más al bloqueo genocida de Estados Unidos contra Cuba 

Años

A FAVOR

EN CONTRA

ABSTENCIÓN

1992

59

3

71

1993

88

4

57

1994

101

2

48

1995

117

3

38

1996

137

3

25

1997

143

3

17

1998

157

2

12

1999

155

2

8

2000

167

3

4

2001

167

3

3

2002

173

3

4

2003

179

3

2

2004

179

4

7

2005

182

4

1

2006

183

4

1

2007

184

4

1

2008

185

4

1

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